Cuando esté circulando nuestro diario y usted lea esta columna, Eduardo Macías estará a bordo de un avión que lo dejará en Guayaquil, Ecuador, su ciudad, donde piensa reiniciar su carrera de técnico de fútbol, luego de una estancia de siete años en Nueva York.Eduardo es uno de los entrenadores más capaces, serios y honestos con que cuenta Ecuador. Une a ello un profundo amor por el fútbol, el deporte que practicó de joven en el famoso y recordado campeón del ascenso, Estudiantes del Guayas, el elenco albinegro que era modelo de finura y elegancia. En ese equipo jugó con recordadas figuras como el Che Villavicencio, Pedro Intriago, Alberto ‘Mexicano’ Mera, Felipe ‘Gallina’ Carbo, Ulbio Camba, Eduardo Laad, Cino.
Siempre inquieto, cuando colgó los botines decidió que iba a ser técnico de fútbol y empezó a dirigir a equipitos en los torneos interbarriales, en los intercolegiales y en la ya desaparecida Unión Deportiva Comercial. De allí pasó al club de sus amores, Estudiantes del Guayas y a clubes que luchaban en la segunda categoría como Norteamérica, Chacarita y Everest, que tuvieron momentos de grandeza en el pasado.
En 1975 decidió dar el gran salto. Se matriculó en la Escuela de Técnicos de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) e hizo el curso para entrenador bajo la dirección del famoso maestro José D’ Amico, habiéndose graduado con honores. “Allí tuve de compañeros de graduación a Félix Loustau, el inolvidable puntero izquierdo de la selección argentina y de La Máquina de River Plate, y a Henry Magri, el gran jugador que pasó por Emelec” nos contó mientras alistaba el viaje.
A su regreso fue técnico de la selección amateur del Guayas en la que tuvo de pupilos a Carlos Luis Morales y Jimmy Izquierdo, más tarde finalistas de la Copa Libertadores con Barcelona.
Fue designado el mejor entrenador amateur del país y lo premiaron con un viaje al Mundial de España de 1982. Luego tomó a la selección juvenil del Ecuador y laboró casi diez años con la Federación Ecuatoriana de Fútbol. En 1987 se convirtió en el primer técnico ecuatoriano en conseguir el acceso a la fase final de un Mundial de Fútbol con la selección sub 16 que jugó bajo su dirección en Canadá y de la que quedaron figuras de clase como Raúl Noriega, José Macías, Hjalmar Zambrano, entre otros.
Fue el aldabonazo para una gran carrera. Subió a Filanbanco a la primera categoría y lo dejó muy bien posicionado. Estuvo dos veces en Emelec cuando lo llamaron a realizar un salvataje en un equipo que naufragaba y salió bien librado. Fue asistente técnico de la selección del Ecuador con Ernesto Guerrera y el brasileño Antonino, y con José D’ Amico para el Preolímpico 76.
En Nueva York realizó un intenso trabajo en escuelas de fútbol, dio cursos para técnicos, organizó el torneo de la New York Sports Soccer League, el Torneo Verizon, la Copa Lowes y la Copa de las Américas.
Deja una huella de sapiencia, lealtad y amistad que será recordada por mucho tiempo. Sus amigos le deseamos el mejor de los éxitos en su retorno al fútbol grande.